VOLUNTARIADO EN FRÓMISTA

SVE en Fromista

Gracias

Septiembre fue mi último mes en Frómista y el tiempo ha pasado muy rápido, demasiado rápido.

¿Qué decir?

Este mes el trabajo en la residencia se reanudó y estuve feliz de volver más regularmente con María José y los abuelos. También trabajé más en la biblioteca y puedo decir que me ha gustado mucho. En los dos sitios es lo mismo, no puedes saber lo que pasará al día siguiente y para mí es lo mejor, porque no puedes aburrirte.

Además, disfruté una última semana de vacaciones para visitar Segovia y Burgos. Burgos me gustó, pero no es nada comparado con Segovia. Realmente me encantó todo sobre esa ciudad. Los monumentos, la gente, los paisajes, la comida, etc. El alcázar me pareció salir de un cuento y del interior… No hablemos de eso, estaba abrumada. Estando en la catedral, muchos techos me hicieron pensar en porcelana. Todo mi tiempo que pasé en la ciudad me sentí como si estuviera en otro planeta.

Este es el último texto para el blog y es también una oportunidad para revisar todo mi voluntariado. Para decir la verdad, antes de venir aquí tuve un sueño: Vivir un tiempo en otro país. Sin embargo, estaba pensando más en un país del Norte o del Este de Europa. ¡Nunca imaginé que terminaría en un país del Sur de Francia! A pesar de todo, cuando la asociación ADICE me ofreció la misión en Frómista, no tardé mucho en dar mi respuesta afirmativa y escribir mi carta de presentación. En poco tiempo, estaba en el avión preguntándome qué podía esperar en España. No obstante, tampoco quería pensar demasiado en ello, porque a menudo nos imaginamos cosas maravillosas y rápidamente nos encontramos decepcionados.

Recuerdo que me perdí en el aeropuerto de Madrid. Pensando que debería haber tomado mi tienda de campaña para poder dormir allí, porque no podía encontrar la salida. Me imaginé en el aeropuerto durante seis meses y me hizo reír… Afortunadamente, salí, pero fue otra pelea para determinar cómo llegar a la estación de Chamartín. Finalmente, aún así llegué a Palencia. Sentí que había hecho una expedición digna de Indiana Jones. ¡Solo me faltaba el sombrero para pensar que estaba allí! De verdad, estaba orgullosa de mí misma. En Palencia, estaba Soraya esperándome y con ella, finalmente, llegué a Frómista. ¿Quién hubiera pensado que esto era el comienzo de una gran aventura? No voy a decir que todo nuevo, sólo tienes que leer mis viejos textos en el blog, pero de verdad, tuve una hermosa aventura humana.

En Frómista, aprendí a hablar en español, a trabajar en la biblioteca y en las oficinas de turismo, nuevas técnicas en el campo de la animación, etc. De verdad, ahora conozco muchas cosas nuevas, pero lo más importante para mi es que he aprendido a permanecer más fuera de mi zona de confort y a ser más ambiciosa. Estoy triste de haber salido de Frómista, pero tengo muchos proyectos. Es gracias a mi voluntariado que estoy aquí hoy y por eso, ¡muchísimas gracias!

Ahora puedo decir que en España hay un pequeño pueblo llamado Frómista. En ese pueblo viví 6 meses, aprendí español y a trabajar en una oficina de turismo y en una biblioteca. También aprendí otra forma de hacer las animaciones con las personas mayores y juveniles. Además, conocí mucha gente que ahora son mis amigos.

Por todo ello puedo decir que en España hay un pequeño pueblo con gente que tiene un corazón grande como el mundo, volveré otra vez y porque no, más de una.

¡Hasta luego Frómista!

¡No sé cuándo, pero nos vemos!

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Esta entrada fue publicada el octubre 16, 2019 por en Uncategorized.
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